La Vida absoluta

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La Vida absoluta

Mensaje por 2016054618 el Vie Jul 01, 2016 4:05 am

La Vida absoluta, origen de la carne

¿De qué vida? No es que nuestras impresiones y la carne que ellas componen no sean susceptibles de aportarse ellas mismas en sí, al ser dadas a sí solamente en la auto-donación de la vida —menos aún que esta vicia, por cuanto es la nuestra, no cumpla la auto-donación que hace de ella una vida—. Sólo una Vida absoluta portadora en sí de la capacidad de la que nuestra vida se encuentra desprovista en el principio, la de aportarse a sí misma en sí, generándose a sí misma en el proceso cíe su auto-revelación y bajo la forma de ésta, puede hacer de modo que haya vida en algún lugar y, solamente en él, en esta vida única y absoluta que es la que tiene sola el poder de vivir todas esas vicias que no son vivas sino en ella. Sólo las propiedades de esta Vida absoluta, no como sus propiedades facticias, sino como posibilidades transcendentales incluidas en el propio proceso de su autogeneración, pueden dar cuenta de las propiedades fenomenológicas esenciales de cualquier vida que se pueda concebir, consecuentemente de las propiedades fenomenológicas esenciales de nuestra propia carne, aunque ésta las obtiene de la vida.

Por tanto, aunque sea brevemente, es este proceso absoluto en el que la Vida viene en sí el que conviene interrogar. Vivir quiere decir -probarse a sí mismo-. Al proceso absoluto en el que la Vida viene en sí, se engendra a sí misma probándose a sí misma y de ese modo revelándose a sí, pertenece en el principio la Ipseidad sin la cual no es posible ninguna prueba de sí. Puesto que la Vida jamás es en primer lugar un concepto, sino una vida real, fenomenológicamente efectiva —real también, fenomenológicamente efectiva es la Ipseidad en la que ella se prueba a sí misma: es un Sí mismo real, el primer Sí mismo en el que la Vida se revela a Sí, su Verbo—. Porque a la posibilidad más radical de la Vida pertenece este Sí mismo que es su Verbo, también pertenece a toda viva concebible un Sí mismo. Y a la vez, a todo lo que encuentra en la auto-revelación cíe la vida su propia condición de posibilidad: a toda carne y a toda impresión. No hay carne que no lleve en ella un Sí mismo de modo que este Sí mismo implicado en la donación de esta carne a ella misma, se encuentre con que es el Sí mismo de esta carne como ella es la carne de este Sí mismo. No hay carne que sea una carne anónima, impersonal, la carne del mundo. Y lo mismo la impresión: no hay dolor, sufrimiento o gozo que sea el dolor, el sufrimiento o el gozo de nadie.

Decimos «carne», -impresión-. Pero ¿por qué es necesario que la auto-donación de la vida revista en nosotros, en nuestra vida finita, la forma de una carne así como la de las múltiples impresiones que componen su trama continua? ¿No hemos dicho, sin embargo, que todos los caracteres de nuestra carne le vienen de la vida y a fin de cuentas de la Vida absoluta que es la única Vida que existe y de la que, si se consideran las cosas con tocio rigor, ninguna vida puede ser separada, a falta de la cual, al cesar de probarse a sí misma dejaría inmediatamente de vivir? ¿Cómo, pues, la Vida absoluta viene en sí de modo que pueda ser el origen de nuestra carne y de todas sus propiedades?

En su propia inmanencia, decimos. Puesto que en la inmanencia de su auto-revelación, la Vida permanece en sí en una auto-afección que no cesa, por ello esta propiedad es también la de nuestra carne de la que nacía nos separa nunca, cuya trama irrompible no conoce falla ni ruptura. Sólo que esta inmanencia de nuestra carne no se podría plantear especulativamente —como la de la sustancia en el spinozismo. Hay que entenderla fenomenológicamente: ¿cómo, pues, la experimentamos nosotros de modo que no sea otra cosa que la revelación de la Vida absoluta en nosotros, el modo como ella se prueba en nuestra carne, la cual en último término sólo se prueba en esta Vida?

Lo que se prueba a sí mismo sin distancia ni separación, sin la mediación de un sentido es, en su esencia, Afectividad o, como también lo llamaremos, puro pathos. En su afectividad es cómo se da a sí mismo todo sufrimiento. No en la suya, como hemos visto, ni en la nuestra, sino en la de la Vida absoluta. Ahora bien, la Afectividad, en la cual la Vida absoluta viene en sí, se prueba a sí misma y goza de sí, no es ni un hecho ni un estado ni una propiedad entre otros, es la ultima posibilidad primicial de un proceso que se realiza sin cesar y no se deshace jamás —el proceso eterno en el cual esta Vida se prueba y se ama eternamente a sí misma en su Verbo que se prueba y se ama eternamente en ella. Esta Archi-posibilidad [3] es una Archi-pasibilidad cuya efectuación fenomenológica es la materia fenomenológica de la Vida absoluta —esta Afectividad originaria en la que consiste toda auto-afección y, de ese modo, toda vida posible. Y, por consiguiente, toda carne. Sólo porque, en su finitud, nuestra propia vida no tiene en sí misma la Archi-pasibilidad, es decir, la capacidad de aportarse a sí misma en sí sobre el modo de una efectuación fenomenológica patética—porque ella sólo se da pasivamente a sí en esta Archi-pasibilidad de la Vida absoluta—, es por lo que es una carne en el sentido de una carne como la nuestra. Toda carne es pasible en la Archi-pasibilidad de la Vida absoluta, lo que es una carne en el sentido de una carne como la nuestra. Toda carne es pasible en la Archi-pasibilidad de la Vida absoluta, es posible en ella. Nuestra carne verdaderamente no es otra cosa que esto: la posibilidad de una vida finita que bebe su posibilidad en la archipasibilidad de la Vida infinita.

Nos preguntábamos: ¿qué propiedades fenomenológicas de la vida tiene nuestra carne? Ahora lo vemos mejor: no se trata de propiedades particulares o de un grupo de propiedades, por esenciales que sean. Lo que la carne tiene de la vida es su misma condición de carne, esa auto-impresionalidad sufriente y gozante que constituye la sustancia fenomenológica pura de toda carne concebible. Pero entonces esta carne que tiene de la vida su condición de carne no se limita en modo alguno a una multiplicidad de impresiones o de sensaciones específicas, ni tampoco a un conjunto de poderes. El análisis de estos últimos ya nos había forzado a realizar un cambio de plan. Era necesario abandonar el estatuto fenomenológico de la intencionalidad por el de la auto-donación. En efecto, en la medida en que alguno de estos poderes de nuestra carne no se ha aportado él mismo en sí, entregado a sí sin haberlo querido, independientemente de su poder, entonces cada uno de ellos se topa en sí mismo con aquello y contra aquello sobre lo que no tiene ningún poder, con un poder absoluto. Porque sólo en la hiper-potencia de la Vida absoluta, en ninguna manera de él mismo, cada uno de ellos es dado a sí mismo a la vez que la carne de la que ha venido a ser un poder. Es conocida la durísima respuesta de Cristo a Pilatos cuando hace ostentación de su poder de soltarlo o de crucificarlo: “No tendrías contra mí ningún poder si no se te hubiera dado de arriba”

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Re: La Vida absoluta

Mensaje por 2016054909 el Vie Jul 01, 2016 4:19 am

La vida humana tiene sentido, la persona es un fin, no es medio subordinado.

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Re: La Vida absoluta

Mensaje por 2016055272 el Vie Jul 01, 2016 4:27 am

"La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida."Juan Pablo II

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Re: La Vida absoluta

Mensaje por 2016054654 el Vie Jul 01, 2016 4:34 am

En su propia inmanencia, decimos. Puesto que en la inmanencia de su auto-revelación, la Vida permanece en sí en una auto-afección que no cesa, por ello esta propiedad es también la de nuestra carne de la que nacía nos separa nunca, cuya trama irrompible no conoce falla ni ruptura. Sólo que esta inmanencia de nuestra carne no se podría plantear especulativamente —como la de la sustancia en el spinozismo. Hay que entenderla fenomenológicamente: ¿cómo, pues, la experimentamos nosotros de modo que no sea otra cosa que la revelación de la Vida absoluta en nosotros, el modo como ella se prueba en nuestra carne, la cual en último término sólo se prueba en esta Vida?
Lo que se prueba a sí mismo sin distancia ni separación, sin la mediación de un sentido es, en su esencia, Afectividad o, como también lo llamaremos, puro pathos. En su afectividad es cómo se da a sí mismo todo sufrimiento. No en la suya, como hemos visto, ni en la nuestra, sino en la de la Vida absoluta. Ahora bien, la Afectividad, en la cual la Vida absoluta viene en sí, se prueba a sí misma y goza de sí, no es ni un hecho ni un estado ni una propiedad entre otros, es la ultima posibilidad primicial de un proceso que se realiza sin cesar y no se deshace jamás —el proceso eterno en el cual esta Vida se prueba y se ama eternamente a sí misma en su Verbo que se prueba y se ama eternamente en ella. Esta Archi-posibilidad [3] es una Archi-pasibilidad cuya efectuación fenomenológica es la materia fenomenológica de la Vida absoluta —esta Afectividad originaria en la que consiste toda auto-afección y, de ese modo, toda vida posible. Y, por consiguiente, toda carne. Sólo porque, en su finitud, nuestra propia vida no tiene en sí misma la Archi-pasibilidad, es decir, la capacidad de aportarse a sí misma en sí sobre el modo de una efectuación fenomenológica patética—porque ella sólo se da pasivamente a sí en esta Archi-pasibilidad de la Vida absoluta—, es por lo que es una carne en el sentido de una carne como la nuestra. Toda carne es pasible en la Archi-pasibilidad de la Vida absoluta, lo que es una carne en el sentido de una carne como la nuestra. Toda carne es pasible en la Archi-pasibilidad de la Vida absoluta, es posible en ella. Nuestra carne verdaderamente no es otra cosa que esto: la posibilidad de una vida finita que bebe su posibilidad en la archipasibilidad de la Vida infinita.

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Re: La Vida absoluta

Mensaje por GUTIERREZ-2016054673 el Vie Jul 01, 2016 6:51 am

La vida humana no es un mero hecho o modalidad de existencia natural, social o racional porque ella también encierra un valor. Todas las civilizaciones han estado más o menos de acuerdo en que la vida humana es un valor que forma parte de su ética de mínimos, pero han diferido en el cómo respetar ese valor, de ahí que no sea igual en ellas la actitud asumida ante la vida del hombre. En general, la vida humana ha sido estimada como un valor absoluto o como un valor relativo, justificándose los juicios de valor objetivamente en el primer caso, y de forma subjetiva en el segundo.

GUTIERREZ-2016054673

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Re: La Vida absoluta

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